denuncia un abuso sexual y la condenan a cien latigazos

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El gobierno del país organizador del Mundial de fútbol masculino que viene, Qatar, ha protagonizado un nuevo lamentable episodio machista. En los últimos días ha trascendido una noticia muy triste en materia de derechos humanos. Una noticia que va más allá del deporte. Una noticia que no puede pertenecer a una época tan avanzada en muchos aspectos.

La mexicana Paola Schietekat ha denunciado que el verano del pasado año fue abusada sexualmente por un hombre tras acudir al país asiático para trabajar como economista dentro de la entidad organizadora del Mundial. Y, para más inri, resulta que Qatar no sólo no ha castigado al hombre en cuestión, sino que ha condenado a Schietakat a cien latigazos y siete años de cárcel.

¿Y por qué? Cuesta responder a esta pregunta. Esto es injustificable. Pero atendiendo a las normas del régimen autoritario en cuestión, éstas dictan que las mujeres que tengan relaciones sexuales fuera de su matrimonio deben ser castigadas. No sólo es una regla surrealista… además, da igual que las relaciones no hayan sido consentidas.

Por suerte, Paola Schietakat ha logrado marcharse del país y no tendrá que cumplir la condena. Lo ha hecho gracias al mismo Comité Organizador del Mundial y de la ONG Human Rights Watch. Ahora Schietakat está en su México natal. Obviamente, no puede volver al país qatarí. Por tanto, ha perdido una oportunidad de trabajo por culpa de un abuso sexual y, sobre todo, de la posterior impunidad e injusticia del régimen local.

A través de su cuenta de Twitter, Schietakat ha expresado que lo ocurrido “me ha afectado mucho durante los últimos ocho meses. La carga a la que me enfrento es abrumadora. Hay días en los que no puedo levantarme de la cama, días de desesperanza en los que quiero vivir y días de furia para vivir en un mundo que odia a las mujeres”.

En la propia red social, ya explicó el suceso en cuestión. Narró, a través de una carta pública, que “el 6 de junio de 2021 me encontraba trabajando en Qatar como economista conductual en el Supreme Committee for Delivery and Legacy, entidad responsable de organizar el mundial de 2022. Aquella noche, un conocido, que consideré amigo, de la comunidad latina en Doha, entró en mi departamento por la noche, mientras yo dormía”.

“Después de un forcejeo breve -y es que su fuerza sobrepasaba la mía-, acabé en el suelo. Horas después, me salieron azules en todo el brazo izquierdo, el hombro y la espalda. Mantuve la cabeza fría: avisé a mi madre, a un colega del trabajo y lo documenté todo con fotos en un intento de autoprotección”, explica la mexicana.

Después de que Schietekat denunciara el suceso y obtuviera un certificado médico para demostrarlo, la policía le preguntó “si quería una orden de alejamiento, no hacer nada, o ir a las últimas instancias. Me congelé, por el choque, por el miedo y la falta de sueño, y volví a ver al cónsul, que me recomendó ir a las últimas instancias”, recuerda. Posteriormente, después de “tres horas de interrogatorio en árabe”, le exigieron una prueba de virginidad. «Por alguna razón yo había pasado a ser la acusada», lamenta.

Y es que “en Qatar, tener una relación extramatrimonial se paga con hasta siete años de cárcel, y en algunos casos la sentencia incluye cien latigazos. De un momento a otro, mi denuncia ya no importaba. La policía refirió el caso a la fiscalía pública, único lugar en el que tuve un traductor”, expresa Schietekat, añadiendo que “mi agresor fue absuelto del cargo de agresión porque, pese al informe médico, ‘no había cámaras que apuntaran directamente la puerta del departamento, así que no había forma de constatar que la agresión ocurrió”.

El surrealismo no se detuvo ahí. Tras ver la impunidad que tenía el agresor y la culpabilidad atribuida a la mujer, los abogados de ésta le propusieron que se casara con el mismo agresor para cerrar el caso. Obviamente, Schietekat se negó, y posteriormente escapó del país qatarí. Ahora no puede volver, y revela que está forzada «a pagar aún más por representación legal».

¿Merece un país que tiene estas tristes normas albergar el festival deportivo más prestigioso del mundo? Cuando faltan nueve meses para el inicio del Mundial, ¿harán algo al respecto quienes participarán? O, una vez más, y ante una nueva injusticia, ¿la población mundial se quedará con los brazos cruzados?

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