Cuando Fashanu abrió el camino de la homosexualidad al fútbol en los años 90

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El fútbol es un deporte maravilloso. Un juego que une a millones de personas. Gracias a las Copas del Mundo, gran parte de la población mundial realiza, durante un mes, la misma actividad. Aficionados y aficionadas pasan horas ante la televisión, o se recogen juntos y juntas en bares, plazas o en los propios estadios. Hay pasión, amor y emoción. Gracias al fútbol, ​​la vida de mucha gente cambia para bien. Tiene más sentido. El fútbol distrae a la gente pobre y entretiene a la de clase media. Pero, desafortunadamente, al igual que cualquier otra invención humana, lo que rodea al fútbol todavía no es perfecto.

¡Qué deporte más peculiar, el rey! El deporte más popular del planeta presenta todavía muchas particularidades de índole negativa. Al fin y al cabo, es un reflejo de los seres humanos. Los seres humanos se proyectan en ese juego. Muchas personas aprovechan el fútbol para ser felices y desconectar de sus realidades durante unas horas al día. Otros, sin embargo, lo hacen para descargar. Para descargar su odio, su frustración y su ignorancia.

Por eso en Argentina no pueden desplazarse aficionados visitantes en los estadios que sus equipos visitan, puesto que esto podría tener consecuencias violentas. Por eso los futbolistas de muchos equipos europeos deben hacer el gesto antirracista de la rodilla antes de empezar los partidos. Y es por eso que, todavía hoy, hay que seguir conmemorando el Día Internacional contra la Homofobia en el Deporte cada 19 de febrero.

Aunque entidades que tienen mucha influencia a escala mundial y que, en definitiva, son más que simples entidades, como lo mismo Fútbol Club Barcelona, se adhieran a la conmemoración en cuestión, sigue existiendo dicho odio. Sí, aún hoy en día, existen muchos aficionados al fútbol que idolatran a unos superhéroes nombrados futbolistas hasta que, cuando éstos defienden al colectivo LGTBI y al que defiende éste, no sólo se bajan de su barco. También les arrojan odio y condena.

Si cuando un equipo de fútbol apoya en las redes sociales al colectivo LGTBI sus publicaciones se llenan de comentarios críticos y furiosos… alguien se imagina el escenario donde un futbolista de las filas de ese equipo de fútbol anuncie la su condición de homosexual? Y no, no hace falta ir diciendo por los cuatro vientos que uno es homosexual. Esto, obviamente, es algo optativo. Pero los futbolistas homosexuales también deberían tener libertad para publicar una foto besando a su pareja. Sin miedo. ¿Alguien se imagina, sin embargo, en un futuro a corto plazo, que algún futbolista de Primera División haga esto?

Yo no me lo imagino. Porque conozco el sufrimiento que afrontó el primer futbolista al anunciar su homosexualidad. Desafortunadamente, debemos hablar de un héroe, y no de simplemente un hombre que da una información personal. El héroe es Justin Fashanu. Fue valiente por muchos motivos. Porque fue el primer futbolista en anunciar esto y porque lo hizo en una época aún más retrógrada que la actual. ¡Qué ya es mucho decir!

Justin Fashanu fue un futbolista inglés nacido en 1961 en Hackey (cerca de Londres). Fashanu fue un hombre poco normativo desde pequeño. Y es que su padre, un abogado nigeriano, abandonó a la familia, compuesta por la madre, Justin y su hermano, John, cuando estos dos eran pequeños. Y la madre, sin recursos económicos, les envió a un centro de acogida. Allí fueron adoptados por una familia de Norwich, ciudad en el este de las Islas Británicas.

Tanto Justin como John rápidamente despuntaron en el fútbol. Tanto es así que, tras pasar por escuelas de fútbol, ​​agentes del Norwich City se fijaron en el juego de Justin y le ficharon. Tenía sólo 17 años cuando debutó en la primera división inglesa. En la Football League First Division. Es decir, en la predecesora de la actual Premier League. Justin Fashanu era delantero y, en tres temporadas y 90 partidos con The Canaries, anotó 35 goles. Además, obtuvo el galardón del mejor gol del año de la BBC, en 1980, al haber marcado un golazo en el Liverpool.

Fashanu empezaba a hacerse un nombre al fútbol británico. Pese a que en 1981 no pudo evitar el descenso de su equipo en la segunda división, dio un salto cualitativo al fichar por el Nottingham Forest, bicampeón de Europa una temporada antes. Además, existe la particularidad de que, por primera vez, un equipo pagó un millón de libras esterlinas por un futbolista negro. Pero todo se torció cuando el entrenador del nuevo club, Brian Clough, descubrió que Fashanu era homosexual. Al enterarse de que Fashanu acudía a bares gays, Clough decidió apartarle del equipo. Pero nada de eso trascendió públicamente, y el jugador se marchó hacia el Southampton.

A partir de ahí, Fashanu enlazó un montón de traspasos y cesiones. Nunca terminó de encontrar una estabilidad. Incluso se lesionó la rodilla, lo que le llevó a tratárselo en Estados Unidos y fichar por equipos del país norteamericano. En 1990 decidió volver a las islas, firmando por el equipo semiprofesional Leatherhead, y decidió desahogarse en términos de sexualidad. Concedió una entrevista al diario The Sun, en la que admitió, entre otras cosas, haber tenido relaciones con un miembro conservador del parlamento.

La revelación de su homosexualidad causó un gran revuelo en la sociedad inglesa. Muchos ex compañeros de Fashanu la repudiaron. Incluso lo hizo su hermano, John, de forma pública. Fashanu explicó que nunca había tenido problemas con ninguno de esos compañeros, si bien a veces debía oír bromas de mal gusto. A partir de su intervención, tuvo que afrontar los insultos de muchos aficionados en campos de fútbol. Un año después, Fashanu reconoció no haber sido preparado para la violenta reacción que se encontró, y que su carrera había sufrido un «gran mal». Aunque se consideraba en forma, ningún club le ofrecía un contrato importante.

A partir de ahí, Fashanu pasó por una decena de equipos, tanto de Inglaterra, como de Escocia, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, y alternando su cargo como jugador con la condición de entrenador. Se retiró en 1997, con 36 años, a los Miramar Rangers neozelandeses, ya partir de ahí se convirtió, definitivamente, en técnico.

La primavera de 1998 fue el inicio del fin de la vida de Justin Fashanu. El inglés fue acusado, en marzo, de haber abusado sexualmente a un joven de 17 años en Estados Unidos (país donde trabajaba). Se hizo público en la prensa. Y la policía le interrogó, aunque no le detuvo. Por tanto, Fashanu marchó hacia Inglaterra. Allí, el 3 de mayo, se suicidó. Y lo hizo dejando una nota que decía que “me he dado cuenta de que ya he sido condenado como culpable. No quiero ser más una vergüenza para mis amigos y familia. Espero que Jesús me dé la bienvenida y finalmente encuentre la paz”. En septiembre siguiente se evidenció que no existía ninguna orden de detención, y que la policía estadounidense había abandonado el caso por falta de pruebas.

El trágico desenlace de la vida de Justin Fashanu da pie a un montón de conclusiones. Cada uno se puede formar las suyas. Lo que es seguro es que su decisión de hacer pública su homosexualidad, pese a causarle un sufrimiento injusto y excesivo, ha ayudado a que varios futbolistas emprendieran el mismo camino. Porque en los años posteriores fuerzas jugadores de la élite han anunciado su homosexualidad. El último ha sido el australiano Josh Carvallo. Sin embargo, todo apunta a que hay muchos, muchísimos jugadores que esconden su orientación sexual por miedo a represalias de un público todavía cavernícola. Y no debería ser así. ¡Viva Justin Fashanu y viva la libertad sexual!

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