Nadie quiere renunciar a la energía nuclear

Nadie quiere renunciar a la energía nuclear

“Dejar nuestra capacidad de disuasión sin ninguna garantía de que otros harán lo mismo es una opción peligrosa”, dijo Jens Stoltenberg en noviembre pasado, y agregó: “Un mundo donde Rusia, China, Corea del Norte y otros tienen armas nucleares, pero no la OTAN. no es un mundo más seguro “.

El Secretario General de la Alianza Atlántica se refirió al Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPNW), que acababa de ser ratificado unos días antes, el 24 de octubre. Stoltenberg cree que no tiene en cuenta la realidad del mundo y la seguridad global.

El TPNW, que finalmente entró en vigor ayer, fue aprobado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 7 de julio de 2017, con el voto favorable de 122 países, y quedó abierto a la firma a partir del 20 de septiembre de ese año.

En total, 51 estados ya lo han ratificado y, por lo tanto, están sujetos a cumplimiento. Es decir, no pueden “bajo ninguna circunstancia desarrollar, probar, producir, fabricar o adquirir, poseer o almacenar armas nucleares u otros dispositivos explosivos nucleares”.

El tratado, el primero en derecho internacional que prohíbe explícitamente las armas nucleares, también obliga a “prevenir y eliminar cualquier actividad prohibida por el TPNW llevada a cabo por personas o en el territorio bajo su jurisdicción o control”.

“Décadas de activismo han logrado lo que muchos creían imposible: las armas nucleares han sido prohibidas”, dijeron desde la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), la coalición de la sociedad civil que más presionó por ello y fue galardonada con el premio Nobel de la Paz 2017 Premio.

Y el secretario general de la ONU, António Guterres, dijo ayer que “las armas nucleares representan un peligro creciente, y el mundo necesita acciones urgentes para asegurar su eliminación y prevenir las catastróficas consecuencias humanas y ambientales que causaría su uso”. Aseguró que el desarme nuclear es capital para la ONU y llamó a “todos los estados a trabajar juntos para hacer realidad esta ambición de avanzar hacia la protección común y la seguridad colectiva”.

Sin embargo, a pesar de este atractivo global, no se alude a los principales protagonistas, los países que poseen armas nucleares. En la votación de 2017, EE. UU., Reino Unido, Francia y Rusia se encontraban entre los 38 países que votaron en contra del TPNW. También Israel, del que nadie duda en la comunidad internacional de que también los tiene aunque no lo declare oficialmente. Y China, India y Pakistán se abstuvieron.

Entre los 51 que votaron, firmaron y ratificaron se encuentran países como Nigeria, Sudáfrica, México, Cuba, Bangladesh, Ciudad del Vaticano, Nueva Zelanda, Palestina, Uruguay o Vietnam. Y solo tres miembros de la UE: Austria, Irlanda y Malta. Ayer, 90 días después de que se alcanzara la cifra mínima de 50 países con la ratificación de Honduras, entró en vigencia el TPNW; ya pesar de la presión de algunos países por parte de Estados Unidos para que retroceda.

ENOJADO

Ningún estado con armas nucleares apoyó el tratado. Tampoco es parte de una alianza militar, como la OTAN. Sigue el principio planteado por Stoltenberg y que ha marcado la política internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial, hace 75 años, se utilizaron por primera vez las armas nucleares: la teoría de la disuasión.

Este concepto de seguridad global en las relaciones internacionales se define como “el uso de amenazas por un lado para persuadir al otro de que se abstenga de iniciar cualquier acción”. Es decir, ya sea para prevenir un ataque armado en el propio territorio o para prevenirlo en otro territorio.

La teoría de la disuasión predominó en el contexto de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS, con la amenaza de una guerra nuclear, y dio lugar a la estrategia militar conocida por las siglas MAD (“loco”) que corresponde a las siglas Destrucción mutua asegurada (“destrucción mutua asegurada”).

El MAD predijo un escenario de devastación absoluta por ambas partes involucradas en el caso de que alguien lance un ataque nuclear. Sus defensores creen que evitó la temida guerra nuclear entre las dos superpotencias. Sus críticos creen que ha llevado a una carrera armamentista y a la actual proliferación de armas nucleares que pone al mundo al borde de la catástrofe. Voluntariamente o por accidente.

Biden pedirá una extensión de cinco años del tratado nuclear entre Washington y Moscú

En agosto de 2009, expiró el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), un acuerdo firmado entre los Estados Unidos y la URSS en diciembre de 1987 para eliminar los misiles de alcance limitado, los mismos que llevaron a la Crisis de los Misiles de octubre en Cuba. 1962 ─. El acuerdo, que eliminó los proyectiles en suelo europeo, no se renovó entre acusaciones mutuas de Washington y Moscú.

Ahora, con la entrada de Biden a la Casa Blanca, EE.UU. quiere que esto no vuelva a suceder con el Nuevo START (acrónimo en inglés de Strategic Weapons Reduction Treaty), firmado entre los dos países en abril de 2010 y que limita cada uno a no más. de 1.550 ojivas nucleares y 700 lanzaderas y bombarderos. El nuevo START expira el 5 de febrero. En una de sus primeras y más importantes decisiones a nivel internacional, el Gobierno de Biden acaba de anunciar que buscará una prórroga de cinco años. “El Nuevo START va en interés de la seguridad nacional de Estados Unidos. Y esta extensión tiene aún más sentido cuando la relación con Rusia es antagónica”, dijo su jefe de prensa.

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