De la decepción del Sputnik al monopolio de Pfizer

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La vacuna Sputnik V, la primera en ser registrada en el mundo contra Covid-19, es una de las más efectivas, según un estudio publicado en febrero por la prestigiosa revista médica. La lanceta. Sin embargo, ni la OMS ni la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) han dado aún su respaldo.

No es la calidad, eficacia y seguridad del suero lo que priva a la vacuna rusa de recibir luz verde, sino la producción del remedio en cantidades masivas lo que resta valor a los dos organismos internacionales. Un proceso en el que la droga acaba perdiendo sus virtudes, según denuncia la agencia reguladora de medicamentos eslovaca, SUKL.

El Gobierno de este país compró 200.000 dosis en marzo. Finalmente, no inyectó ninguno porque SUKL se negó a emitir una resolución clara sobre la seguridad de la droga. No sobre el suero original, sino sobre lo que se envió a Eslovaquia. El Ministerio de Salud anunció el 30 de junio que volvería a vender a Rusia 160.000 de las dosis al mismo precio que había comprado, 9,95 dólares cada una.

La pérdida de calidad durante el proceso de producción en masa es uno de los problemas que presenta Sputnik V. La EMA dio como fecha límite el 10 de junio para recibir los datos de fabricación y clínicos, ya que entregados a principios de ese mes estaban incompletos. La documentación insuficiente de la metodología y el incumplimiento de los protocolos son otras cuestiones planteadas por éste y otros organismos internacionales.

Argentina amenaza

Sin embargo, un total de 69 países de todo el mundo han optado por Sputnik V, que requiere dos dosis diferentes entre sí. Argentina es uno de estos países, que también puso casi todos los huevos en la misma canasta de la vacuna rusa. Ayer, la ministra de Salud, Carla Vizzotti, anunció que se tomó la decisión de combinar con Moderna y AstraZeneca para completar la inmunización luego de registrar resultados “satisfactorios” y “alentadores” de un primer estudio de mezcla de vacunas con 1.800 voluntarios.

El gobierno, que se enfrenta a elecciones decisivas en noviembre, se ha visto obligado a actuar ante la «situación muy crítica» en la que se encuentra el país por incumplimiento de la entrega de las dosis acordadas por el Fondo Ruso de Inversión Directa. (IDF), que comercializa el Sputnik V en el extranjero.

En una carta oficial enviada a Moscú y filtrada por el diario La Nación El 22 de junio, Buenos Aires advirtió que el contrato «corre el riesgo de ser cancelado públicamente». Los datos son alarmantes dado el avance de la variante delta: solo el 16,06% de la población pudo recibir la pauta completa, y 6,6 millones están esperando la segunda dosis de Sputnik V. De estos, el 63% con el plazo vencido.

apuesta diplomática

La situación argentina se repite en muchos otros países del mundo. Uno de los más afectados es Irán, que ha contratado un total de 60 millones de vacunas. El compromiso en febrero era recibir 5 millones en una primera fase, pero hoy solo han llegado 2 millones.

Situaciones similares se viven en México (4,1 millones de los 24 millones pactados), Guatemala (150.000 de los 8 millones) o Bolivia (745.000 de los 5,2 millones). Y también en países africanos como Ghana, Angola o Kenia.

Territorios todos donde Rusia, en tiempos de viruspolitik, aspira a expandir su influencia a través de la llamada «diplomacia de las vacunas». A principios de este año, las FDI afirmaron tener «la capacidad de suministrar la vacuna a 700 millones de personas fuera de Rusia» para 2021. Un plan ambicioso que choca con la realidad: a finales de junio, en la propia Rusia, solo el 15% de la población había recibió la primera dosis de Sputnik V.

Mientras tanto, las FDI dijeron el miércoles que «los retrasos temporales en la entrega del segundo componente se resolverán por completo este agosto», con el aumento de la capacidad de producción tras los acuerdos de fabricación de Sputnik V con empresas farmacéuticas en 14 países, en particular con Serum Institute of India, el mayor productor de vacunas del mundo.

Pfizer, un 23% más caro

También el miércoles, el canciller ruso argumentó que la demora en recibir la aprobación de la EMA se debió a razones políticas y comerciales, y denunció en una entrevista en el Komsomólskaya Pravda la «retórica agresiva» contra el Sputnik V de algunos estados de la UE.

Respondió a las palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien horas antes en otra entrevista, en el RND German, reafirmó que «hasta el momento, el fabricante no ha podido proporcionar suficientes datos válidos para demostrar la seguridad» del Sputnik V.

En cualquier caso, Bruselas ha descartado por completo la vacuna rusa hace algún tiempo. Los 27 siguen siendo libres de comprar por su cuenta, pero la Comisión advirtió el 4 de marzo que su inclusión en la compra conjunta de la UE aún no estaba contemplada con la aprobación de la EMA.

La apuesta de Bruselas, como hizo Argentina con el Sputnik V, es poner todos los huevos en la misma canasta y comprar solo vacunas de ARN mensajero: las de Pfizer / BionTech y, de momento, también las de Moderna. Decisión arriesgada debido a problemas económicos y de salud. Atención sanitaria porque, según los científicos, la diversificación de vacunas (la eficacia de AstraZeneca se ha demostrado en el Reino Unido) puede ser positiva frente a la diversificación de virus.

Y las económicas porque, según los expertos, acabará evolucionando hacia un monopolio. El contrato para la compra de vacunas hasta 2023 realizado en abril, publicado el domingo por Tiempos financieros, incluye un incremento en el precio de cada dosis aprovechando los buenos resultados de inmunidad que ofrece: de 15 a 19,5 euros, los de Pfizer; y de 19 a 21 euros, los de Moderna. AstraZeneca, ya descartada por Bruselas, se vende a precio de coste: unos 2 euros.

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