Cambios y constantes en la política internacional estadounidense

Cambios y constantes en la política internacional estadounidense

Tres grandes tradiciones de pensamiento abarcan las múltiples corrientes de la política internacional. Se diferencian entre sí en la forma en que conciben la sociedad en términos de soberanía, diplomacia, guerra y derecho. El británico Martin Wight (1913-1972) los denominó realismo, racionalismo y revolucionario, pero también son conocidos por los filósofos que los inspiraron: hobbesianos (o maquiavélicos), grocianos y kantianos.

Mientras que el revolucionario aspira a una verdadera sociedad internacional, de cooperación entre individuos y pueblos, para las otras dos corrientes el Estado es la unidad clave y se enfocan en el aquí y ahora. El objetivo de los realistas es maximizar el poder y ver al resto de los estados como competidores, por lo que la seguridad es un concepto central y el interés nacional guía las políticas. Donald Trump y sus “America First” y “Make America Great Again” entrarían en este paradigma, donde además la moralidad es líquida, depende del tiempo y lugar y, según recoge El principe de Maquiavelo, “a prudencia é o único límite moral”.

Joe Biden no es hobbesiano. Sin embargo, tampoco es kantiano. Sus medidas en política internacional en los primeros 15 días como presidente de Estados Unidos van en línea con la trazada por sus predecesores del Partido Demócrata en el cargo, en su mayoría Barack Obama, con quien fue vicepresidente. La nueva Casa Blanca responde a la tradición inspirada por Hugo de Groot, el racionalista, a quien el propio Wight identificó como “la visión del establecimiento internacional”.

El racionalismo considera que la humanidad comparte intereses mínimos comunes, por lo que la negociación es la dinámica predominante y se pone énfasis en los tratados, normas e instituciones internacionales. Se le atribuye el multilateralismo que Trump ha evitado. Biden, en el primer día de mandato, firmó dos decisiones simbólicas en este sentido: reingreso a la OMS, donde EE.UU. se ha comprometido a colaborar con la iniciativa Covax para llevar las vacunas Covid a países menos desarrollados; y la vuelta al Acuerdo de París – también en el marco de la ONU – contra el cambio climático.

La fe en la negociación lo llevó el 26 de enero a anunciar la reanudación de los programas de ayuda a Palestina así como a retomar los contactos diplomáticos, algo que se materializó esta semana con una reunión de un alto funcionario del gobierno palestino con Hady Amr, jefe del gobierno estadounidense. para los asuntos palestinos e israelíes. Casi al mismo tiempo, el gobierno israelí de Benjamin Netanyahu, que tiene una visión hobbesiana de la política, respondió demoliendo una aldea en Cisjordania que albergaba a 61 palestinos.

Rusia, viejo enemigo

Porque el intervencionismo es característico de la tradición racionalista encarnada por los gobiernos democráticos. Moneda, sin embargo, en dos lados: diplomático y militar. “Estados Unidos ha vuelto”, dijo Biden el jueves en un discurso ante la comunidad internacional. Allí destacó el deseo de liderar la diplomacia global, que en el caso de Estados Unidos se extiende a través del Ejército más grande del mundo. Entonces envió un duro mensaje a Rusia.

Tras felicitar la prórroga del tratado de Start, señaló: “Se lo he dejado claro al presidente [de Rusia, Vladimir] Putin, de una manera muy diferente a mi predecesor, que los días en que Estados Unidos pasaba por alto las acciones agresivas de Rusia, interfiriendo con nuestras elecciones, con ciberataques, envenenando a los ciudadanos [en referencia ao caso do opositor ruso, Aleksei Navalni], se acabaron “. Los presidentes hablaron la semana pasada.

Las duras palabras fueron acompañadas de hechos. Biden paralizó la retirada de los 12.000 soldados estadounidenses desplegados en Alemania, uno de los mayores contingentes junto al de Japón, estratégico desde el final de la Segunda Guerra Mundial en el enfrentamiento con la URSS. La decisión también es una declaración de intenciones hacia el fortalecimiento de la OTAN que Trump calificó de “obsoleta”.

Sin embargo, un Trump que llegó a la Casa Blanca prometiendo poner fin a las “guerras interminables” de Obama no fue menos beligerante. Según un estudio reciente del proyecto “Los costos de la guerra” de la Universidad de Brown, “el número de civiles muertos en ataques aéreos internacionales ha aumentado en aproximadamente un 330% desde 2016, el último año de la administración Obama, hasta 2019”.

Trump también batió récords de atentados y muertes en Siria e Irak, según datos recopilados por Trump. Los Angeles Times. Biden anunció el retiro del apoyo a Arabia Saudita en la guerra de Yemen, donde durante los cuatro años de Trump murieron 154 civiles, incluidos al menos 28 niños, en un total de 230 ataques (el doble que en los ocho años de Obama), según un informe recopilado por El Washington Post entre otros medios.

En un informe del pasado mes de mayo, Los New York Times Argumentó que Trump, en la más pura línea hobbesiana, vio en estos conflictos bélicos una forma de generar empleos en la industria armamentista dentro de Estados Unidos. Con Biden la maquinaria militar no se detendrá, pero según sus primeras medidas habrá un mayor equilibrio entre el llamado poder duro (coerción) y el poder blando (atracción).

Latinoamérica seguirá como ‘patio trasero’

Donde Joe Biden mantendrá la línea de Donald Trump es en otros frentes importantes, el principal de China. El nuevo presidente ha manifestado en varias ocasiones que mantendrá la firmeza con la potencia asiática, que demócratas y republicanos ven como una amenaza en una nueva Guerra Fría. También con respecto a América Latina parece que poco ha cambiado. En su discurso del jueves, Biden hizo poca referencia a la región, tradicionalmente considerada el ‘patio trasero’ de los EE. UU. Desde que se promulgó la Doctrina Monroe en 1823 (el principio de la política exterior de EE. UU. De no permitir que las potencias europeas intervengan en asuntos internos de Estados Unidos). los países del hemisferio americano). En Cuba, los movimientos esperan revertir cuatro años de relaciones duras, y respecto a Venezuela, el gobierno de Biden sostiene que el presidente Nicolás Maduro es un “dictador”.

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