Brexit incendia Irlanda del Norte

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Hace cien años, Irlanda se independizó del Reino Unido. Hace cien años, Irlanda se fue. Seis de los nueve condados de la provincia de Ulster no se unieron al recién nacido Estado Libre Irlandés, anterior a la actual República de Irlanda, y siguieron siendo un territorio bajo soberanía británica. Territorio que acogió y da la bienvenida a los ciudadanos a favor de esta configuración – llamados en su momento indistintamente unionistas y leales – y ciudadanos a favor de la unidad irlandesa – nacionalistas o republicanos.

Los enfrentamientos entre las dos comunidades, la primera predominantemente protestante, la segunda predominantemente católica, fueron constantes durante este tiempo, pero se intensificaron dramáticamente desde la década de 1960. La campaña para poner fin a la discriminación contra la minoría nacionalista irlandesa por parte del gobierno unionista de Irlanda del Norte fue fuertemente reprimida. Fue el comienzo de lo que eufemísticamente se llamó “The Troubles”. El Reino Unido desplegó el ejército y construyó “muros de paz” para separar los barrios “católicos” y “protestantes” en ciudades como Belfast o Derry.

Uno de esos “muros de la paz”, el del oeste de Belfast, es el escenario principal de la batalla que se ha estado librando en la última semana entre miembros de las dos comunidades, en su mayoría jóvenes y menores. Los disturbios, que comenzaron hace una semana en barrios protestantes de varias ciudades con la mira puesta en el Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI), se han vuelto sectarios como lo eran a finales del siglo pasado.

El Acuerdo de Paz del Viernes Santo (1998) cerró una herida profunda de unas 3.600 muertes. Dos décadas después de una lenta curación, tras el Brexit, el incipiente caparazón ha vuelto a ser desarraigado.

Chicos, carne de cañón

En la noche del jueves al viernes, el PSNI salió a la calle con camiones con cañones de agua, utilizados contra los concentrados en la zona nacionalista de Springfield Avenue, que conecta las dos comunidades. Hubo bombas incendiarias, ladrillos y cohetes caseros arrojados a los oficiales y también entre los lados a ambos lados del muro, el Telégrafo de Belfast. La víspera, un fotógrafo de este periódico históricamente unionista fue agredido y secuestrado e incendiado un autobús.

Más de 70 miembros del PSNI resultaron heridos en el curso de lo que llamaron “la peor violencia en años”. Las autoridades creen que los grupos paramilitares ilegales están instando a los jóvenes a participar en los disturbios. BBC. “Existe una creciente evidencia de que líderes veteranos en organizaciones como la Asociación de Defensa del Ulster (UDA) y la Fuerza Voluntaria del Ulster (UVF) están permitiendo que ocurran los altercados”, señaló a la radio y televisión públicas británicas citando fuentes policiales.

Este tipo de venganza vendría en respuesta a una serie de operativos recientes en la localidad protestante de Carrickfergus.

Fronteras duras

Sin embargo, el Consejo de Comunidades Leales (LCC) ─organización que representa a la UDA, UVF y el Comando de la Mano Roja (RHC) ─ emitió ayer un comunicado, recogido por The Irish Times, donde niegan cualquier vínculo “ni directo ni indirecto” con los disturbios. Y señalan el “espectacular fracaso colectivo” para comprender la ira sindical en Irlanda del Norte.

Ese enojo proviene de lo que consideran una traición del gobierno británico en las negociaciones del Brexit. Exigen una renegociación del Protocolo para Irlanda del Norte y que se cumpla la promesa de que “no debería haber una frontera dura entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido, ninguna frontera dura en esta isla”.

La LCC ya había anunciado el 4 de marzo que retiraba su apoyo al Acuerdo del Viernes Santo para presionar al respecto.

En las complicadas negociaciones para la salida de la UE, se acordó que no habría una “frontera dura” entre Irlanda del Norte, territorio legalmente británico, y la República de Irlanda, el estado soberano de la UE. Esto significa que Irlanda del Norte seguirá formando parte del mercado comunitario en lo que respecta al comercio de mercancías.

Por tanto, los productos que llegan desde Gran Bretaña a través del Mar de Irlanda (dentro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte) tienen que ir más allá de los procedimientos de importación establecidos por la UE, especialmente en lo que se refiere a cuestiones sanitarias.

Londres acusa a Bruselas de buscar más los intereses de los irlandeses del norte que miran hacia Dublín que los que lo hacen hacia Londres. Además, el gobierno de Boris Johnson ha culpado a la UE de socavar aún más el espíritu de los sindicalistas cuando a principios de este año estuvo a punto de derogar el Protocolo mediante la implementación de controles para la entrada de vacunas en Irlanda del Norte.

Abandono político

En la práctica, los norirlandeses perciben en ciertos aspectos que son extranjeros a su país. Es decir, duele especialmente entre los sindicalistas ser considerados ciudadanos de segunda clase en el Reino Unido, una moneda de cambio. Abandono político que sienten desde Londres, más aún cuando las previsiones demográficas apuntan a que en unos años -si no ya- la comunidad católica será mayoría.

Cabe recordar que el Acuerdo del Viernes Santo estipula que el Gobierno del Reino Unido puede convocar un referéndum de reunificación irlandés si se considera que la mayoría de la población de la región desea abandonar la Unión y unirse a la República de Irlanda.

O detonante: un funeral impune

El Gobierno conjunto, y obligatorio, de Irlanda del Norte, y los Primeros Ministros de Irlanda y Reino Unido, depositarios del Acuerdo del Viernes Santo, pidieron calma. También desde el Gobierno de Estados Unidos se ha dicho que la paz no puede ser una “víctima” del Brexit.

El Partido Unionista Democrático (DUP), en el Gobierno de Irlanda del Norte, vinculó los disturbios a la decisión de las autoridades de no acusar a los miembros del Sinn Féin, la otra rama del Ejecutivo, ni a ninguno de los 2.000 participantes en el funeral del republicano, y ex miembro del IRA─ Bobby Storey, eludiendo las restricciones contra Covid. Entre los asistentes se encontraba la viceprimera ministra Michelle O’Neill.

La presidenta del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, advirtió ayer que se vendería un fin de semana “muy difícil”, ante la posibilidad de que la violencia se extienda por toda la provincia.

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