A incerteza democrática regresa a Tunisia

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Túnez se enfrenta a su peor crisis democrática en una década, cuando en 2011 tuvo lugar la primera de la llamada Primavera Árabe. El presidente Kais Saied disolvió el Gobierno el domingo y paralizó la actividad del Parlamento durante 30 días con la ayuda del Ejército. Una acción calificada ayer como un «golpe de Estado» por los principales partidos de oposición, informan sobre el terreno organismos internacionales.

La medida se produce después de meses de bloqueos y enfrentamientos entre Saied y el primer ministro Hichem Mechichi, con un parlamento fragmentado y el país sumido en una profunda crisis económica, exacerbada por la pandemia de Covid-19. Fueron precisamente las violentas protestas en las calles del domingo las que alegaron al presidente a dar el paso.

El presidente del parlamento, Rached Ghannouchi, es también el líder de Ennahda, una formación islamista moderada inspirada en la Hermandad Musulmana, una mayoría en la Cámara y con un papel importante en las sucesivas coaliciones de gobierno. Ghannouchi afirmó que había habido un «ataque a la democracia» y llamó a la sociedad a manifestarse en las calles de la capital, Túnez, y el resto del país.

«Esto es claramente un golpe constitucional. Un golpe contra la revolución, contra las libertades generales y personales. El Parlamento elegido democráticamente, el Gobierno y todo lo demás siguen en el cargo», dijo en declaraciones a la agencia. Anatolia.

Simpatizantes y opositores al mandatario se enfrentaron ayer en las inmediaciones de una Cámara Legislativa blindada por el Ejército, recogió Al Jazeera. El lanzamiento de piedras entre los dos lados dejó numerosos heridos. Según este canal de televisión árabe, la policía ingresó a sus instalaciones y expulsó a los trabajadores. La televisión estatal también fue asumida por las fuerzas policiales.

Además, los militares impidieron el acceso de un grupo de personas al Palacio de Gobierno, en el Kasbahy el de Ghannouchi al Parlamento.

Amenaza de respuesta severa

Saied invocó la Constitución tunecina para justificar la disolución del Gobierno y la parálisis del Parlamento, y aseguró que gobernará con la ayuda de un nuevo Primer Ministro. Sin embargo, no ha comunicado cuándo será designado.

En concreto, apeló al artículo 80 de la Constitución, que permite al presidente tomar medidas excepcionales ante graves amenazas para proteger al país. Sin embargo, el artículo lo condiciona en consulta con los Presidentes de Gobierno y Parlamento.

«Estoy en contra de la acumulación de todos los poderes en manos de una sola persona», dijo a las puertas del Parlamento Ghannouchi, que en los últimos tiempos ha intentado distanciar su formación de la influencia de los Hermanos Musulmanes.

Por su parte, Saied -quien llegó a la presidencia en 2019 prometiendo acabar con la corrupción y la incompetencia de las élites- rechazó las acusaciones de ‘golpe’ también expresadas por las otras dos formaciones mayoritarias en la Cámara, el conservador Qalb Tounes -cuyo candidato en 2019 llegó en la segunda ronda contra Saied─ y Karama.

Saied también suspendió el aforo de diputados y tomó el control de la Fiscalía General. «Cualquiera que dispare una bala, las Fuerzas Armadas responderán con balas», dijo Saied, quien tiene varios apoyos, desde el islamismo hasta fuerzas de izquierda.

«Regreso al orden constitucional», la comunidad internacional pide

La inestabilidad en Túnez ha sido constante desde la revolución de 2011, con un total de nueve gobiernos desde entonces, incapaces de poner fin a las altas tasas de desempleo. Además, tiene problemas presupuestarios y para saldar la deuda, lo que llevó al Gobierno de Mechichi a intentar negociar un nuevo préstamo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Ante los acontecimientos de ayer, la UE pidió «respeto por la Constitución, sus instituciones y el estado de derecho. El Gobierno turco ha expresado su» profunda preocupación «y ha abogado por el restablecimiento de la» legitimidad democrática «.

También desde Alemania, el Gobierno deseaba que Túnez volviera «lo antes posible al orden constitucional».

Y desde Rusia, el Kremlin ha pedido «nada que amenace la estabilidad y seguridad» de la población tunecina.

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